4 Tips para afrontar el tiempo de verano con tus niños y niñas.

¿Cómo superar el tiempo de verano con tus niños sin atiborrarte de actividades? Más tiempo con tus hijos e hijas y más calor puede implicar más riqueza de matices y sí, quizás (casi estoy segura de ello) más trabajo ¿O no? Quizás en realidad no… y eso me lleva fácilmente a lo siguiente:

Tus hijas e hijos no necesitan hacer muchas cosas para pasarlo bien.

  • No necesitan juguetes nuevos y exclusivos para el verano.
  • No necesitan ir a las “super actividades de verano”.
  • Ni que propongamos constantemente hacer cosas distintas para llenar su/nuestro tiempo…

De hecho, llenarlo más bien poco y una actitud de confianza y tranquilidad facilitarán el goce auténtico de las vacaciones. Y sí, es posible disfrutar sin salir de Barcelona… ¡porqué no!
No es lo mismo estar de vacaciones que sentirse de vacaciones… Permitir que los niños/as se sientan de vacaciones  y nosotros también implica soltar. No “tener que”, no correr (a no ser que queramos jugar al pilla pilla) y sobre todo implica un diálogo con lo que nos nutre. Hacer de lo nutritivo la semilla de las vacaciones, hará que fácilmente emerja, un sentido de haber disfrutado de verdad de estas vacaciones.
Si eres de las madres y de los padres que a la vuelta siempre dice “buf, necesito unas vacaciones de las vacaciones” sigue leyendo y si no… caramba, ¡también!
Te propongo unos pasos muy sencillos para pasarlo bien; surgidos a partir de tópicos veraniegos.

1º Primer tópico: pasarlo bien en verano implica hacer muchas actividades.

Montaña rusa, tobogán, playa, piscina, chiringuito y ruido, mucho ruido… ¿de veras en verano son vacaciones?

verano en familia

Mi primera recomendación es desafiante: NO hagas nada.

Sí, he dicho que no hagas nada. Prueba a sentarte con la intención de parar y soltar. Prueba a ver qué pasa durante unos segundos… Quizás te descubras cómodo en esa pausa…

La falta de hacer, permite que emerja el deseo y nos da la oportunidad de conectar con los sentidos y con una necesidad auténtica.
Si a tu peque parece que esa actitud le incomoda o simplemente eres de los que le cuesta estar sin hacer nada, ¿qué tal si juegas para ti?
Coge un material que te guste (plastilina, hoja y colores, piezas de construcción…) y entrégate a la tarea del juego, es decir, jugar porque sí, jugar para ti misma/o. Cuando como adultos nos entregamos a una tarea que implica la relación mano-cabeza sucede algo similar a una meditación. La respiración cambia, nuestro estado corporal/mental/emocional se ve modificado. Ese estado (libre de los “tengo que” y los “debería”) nos aleja del estrés al que los adultos nos sometemos a diario. Quizás te sorprenda el bienestar que, como adulto, puede ofrecerte el juego.
Poder sostener el hacer “sin intención de” y poder sostener ese tiempo sin llenarlo de acciones conectadas con la obligación:

  • “aprovechar” que juega solo para lavar los platos.
  • “aprovechar” para ordenar ese armario.
  • “aprovechar” para hacer la cena, etc.

Mi primera propuesta, sencilla y accesible para sentirte de vacaciones: Tú, mamá/papá/adulta/o hacedor de cosas puedes dejar de hacer cosas.

2º Tópico: La piscina o la playa son un Must ¿imprescindibles?

Agua.

Bendita agua.

El agua, se usa en innumerables rituales, como un medio liberador y una puerta de acceso a otro estado.

El agua es necesaria para vivir y nuestro cuerpo la requiere (y los peques en esto son muy sabios) para conectarnos con la fluidez, con el continuum.

No en vano las niñas y niños desean usarlo como medio de experimentación todo el año; puesto que hay algo que conectándose desde el agua nos habla de quienes somos.
El agua es un recurso, para algunos de nosotras/os, de fácil acceso y manipulación. Y por supuesto, el agua Sí es un Must de Verano. Una actividad, en sí misma, de verano. No necesitas una terraza o un piso grande para preparar un espacio de agua para tu peque.
Tampoco una mesa de agua especial. Ni una piscina. Si tienes lo uno o lo otro (o ambas cosas) fantástico… sino no pasa nada.
Puedes montar en verano una actividad con niños, con apenas 5 básicos:

  1. una toalla.
  2. elementos para hacer trasvase (vasos, cucharas, tazas, etc).
  3. algunos cubos para contener el agua.
  4. materiales que se puedan absorber.
  5. sumergirse y/o flotar

¡Un ambiente de experimentación con agua fantástico!

Si eres de las/os que teme la “performance” derivada del uso del agua puedes probar a incluir todo lo anterior en la ducha o bañera. Prepara el espacio de manera que lo que queda accesible sea sólo lo posible para ser usado en este juego; así no sólo te ahorrarás que emerjan conflictos innecesarios, sino que facilitarás que el ambiente creado sea fácil de comprender a primera vista. Puedes entender que un ambiente es “fácil de comprender” si, casi sin mediar palabra alguna, invita a la acción prevista desde un movimiento sencillo.

De la manipulación libre en el agua (entendiendo por manipulación libre aquella en la que no le dices a tu hijo/a lo que tiene que hacer) emergen distintas acciones: llenar/vaciar, trasvase (llevar el agua de un lugar al otro), movilizarse y movilizar el agua (salpicar, entrar/salir,etc), dejar caer/recoger…
A menudo las niñas y niños pueden estar mucho tiempo involucrados en estas acciones y no es de extrañar puesto que, además de lo mencionado a nivel emocional al inicio, todas estas acciones asientan una comprensión elemental del mundo y de las relaciones, y muchas de ellas son consideradas como un acceso pre-matemático.

3º Tópico: lo motriz en verano no pasa únicamente por los pedales.

El movimiento es una necesidad elemental para el desarrollo sano e íntegro de las niñas y niños.
Si deseas profundizar en este aspecto y, de paso conocer a fondo las bases de nuestra Escuela, puedes ir aquí.

Regresando al tema: otra de las “inercias adultas” establecidas para el verano es ligar el movimiento al uso de las ruedas en verano. Si bien es cierto que el tiempo puede invitar a probarlo con mayor comodidad antes de lanzarte a comprar párate un momento.
Observa y date un tiempo para reflexionar sobre si tu peque está preparado/a para ir sobre ruedas… El manejo de un elemento externo (que no es su cuerpo) con ruedas pasa por desafiar el equilibrio, la propiocepción, la coordinación, el tono, etc. Todo el cuerpo requiere un ajuste (físico, mental y emocional) y esto no siempre llevará implícito que tu hijo/a lo pase bien. No todos los peques están preparados y no a todos les gusta… Y algo que parece obvio pero que no siempre se tiene en cuenta; por orden de complejidad (de más sencillo a más complejo): bicicleta de equilibrio (sin pedales), patinete, bicicleta de pedales y patines.

Si quieres facilitar su desarrollo psicomotor sin ruedas, sólo necesitas dos cosas: permitir su movimiento y que este se dé en un ambiente de seguridad.

  • Permitir su movimiento es no intervenir: Ni sugerir, ni alzarlo, ni ponerlo en un lugar, ni cogerlo y montarlo o ponerlo en un sitio que no alcance por sí mismo.
  • Permitir su movimiento es que él/ella se mueva y haga lo que pueda hacer por sí mismo/a:
    1. Porque tu hijo/a no necesita tu ayuda para moverse.
    2. Porque, si permites que explore, descubra y se mueva según sus ritmos y necesidades le estás diciendo que Sí puede. Que confías en él/ella. Que sabes que no es un ser “inferior” o “incapacitado” que requiera de la manipulación de un adulto y porque, de esta manera, permites que su desarrollo se dé sin trabas; permites que tu hijo pueda liberar su potencia, es decir usarla y gozar de ella. Reconociéndose como un ser capaz puede ir hacia la conquista de la autonomía.

¿Y entonces que haces tú?
Como adultos nuestra responsabilidad es procurar un ambiente seguro. Para que el movimiento no implique un daño físico/psíquico/emocional innecesario. Crear un ambiente seguro no quiere decir ponerle un casco al peque o forrar la casa del típico puzzle/colchoneta. Crear un ambiente seguro implica cuidar, que no es lo mismo que sobre proteger.
Aquí van algunas ideas básicas para hacer de tu casa un espacio motriz interesante.
Apto para cualquier rinconcito del hogar… no necesitas un espacio de X metros cuadrados.
Ideal para las horas de “pico de sol” (insoportables en Barcelona) en las que sea imposible estar en la calle.

  • Selecciona 4 elementos duros (por ejemplo del mobiliario) que puedan servir para subir/bajar, entrar/salir y facilitar el salto. Pueden servir: una silla de comedor, una mesa, un taburete con o sin peldaños, una caja o cajón. Comprueba que los elementos están en buen estado y que pueden permitir que el peque se mueva por encima/debajo de ellos sin riesgo y que puedan sostener su peso tranquilamente.
  • Selecciona 6 elementos blandos de volumen mediano/grande. Puede servir: un par de colchones individuales y cuatro cojines de distintos tamaños y durezas.
  • Selecciona 2 materiales envolventes. Pueden servir telas o sábanas viejas.
  • Selecciona 2 elementos de representación. Elementos para la representación, desde la psicomotricidad Aucouturier, pueden ser: piezas de construcción de madera y colores para pintar.

Disponte a crear un ambiente motriz desde tu intuición. También desde el respeto y cuidado hacia ti misma/o. Es decir, no “hagas nada” siguiendo una teoría a rajatabla o unas indicaciones concretas (ni tan siquiera estas que te ofrezco) y escucha tu voz interior: la intención es disponer o preparar un espacio que pueda transitar tu peque y en el que
tú estés tranquilo/a. Puedes colocar en una zona el material puramente motriz y en otra (próxima) un espacio con los materiales de representación.

Los elementos duros motrices invitan a sentir la verticalidad, la estabilidad, la tierra, mientras los elementos blandos facilitan el dejarse caer, el soltarse…

Puedes colocar los materiales motrices combinándolos como gustes y es posible que los coloques juntos desde un sentido de seguridad. Por ejemplo: colocar una mesa y debajo el/los colchones para contener la caída y el salto. No se trata de hacer un circuito, puesto que este, aunque sea desde una intención “buena” condiciona realmente el movimiento libre.
Distribúyelos de manera que entre unos y otros haya un poco de espacio, de manera que tu peque pueda probar acciones tales como: entrar y salir, esconderse debajo/detrás, subirse a, saltar desde, pasar, etc. Te propongo que le digas a tu peque que puede mover cualquier elemento/material a excepción de los duros (mobiliario) para cuidarlo a él/ella (por el riesgo que implica un material grande/pesado) y para cuidar el propio material.
Si el ambiente preparado funciona se siente muy rápidamente desde afuera.

4º Tópico: Los niños/as desaprenden en verano ¡Alerta cuadernillos de vacaciones!

En serio. Las papelerías y tiendas “pedagógicas” exhiben sus cuadernillos en primera fila. Algunos profesores/as lo recomiendan (o peor,¡obligan!) y si consultas en google hallarás pseudo artículos que justifican el uso y sus beneficios.

Puedes encontrar cuadernillos adornados de los dibujos animados más In del momento (para que parezcan más amigables, claro) a otros de pedagogía/s concretas para madres/padres modernos y responsables.
A ver, sentido común. ¿En serio crees que tu peque puede desaprender algo? ¿Tenga la edad que tenga? ¿Sólo se desaprende siendo niño/a o es algo que se expanda al resto de la humanidad como un virus zombi?

Calma. Respira. 1, 2,3….

Ahora en serio. Y entendiendo la seriedad como rigor profesional.

Madres y padres: es imposible desaprender. No existe.

Des aprender implicaría perder una habilidad, técnica o recurso adquirido. Otra cosa bien distinta  es perder u olvidar una información. Y qué gusto y que fortuna esta ergonomía cerebral…. Que nos permite perder algo que no estamos usando porque de manera “natural” el cerebro interpreta que no es necesario almacenar con rigor (de pé a pá) algo que no nos sirve.

Desaprender puede darse tras un accidente o enfermedad grave que dañe o provoque una lesión cerebral.

Olvidar una información, es esa “sensación” que te queda sobre las raíces cuadradas…

Pues eso. Regresando a tus peques. Tus peques no desaprenden los números, ni las letras, ni desaprender saber escribir su nombre… pasa que, eso sí, como lo de ir en bicicleta. Si ya sabes y dejas de ir durante un tiempo, cuando vuelvas a poner tus pies en los pedales, necesitarás un tiempito (corto) para volver a ponerte en marcha.
¿Realmente es malo que mi peque pierda el training de escribir su nombre? Pues no, y lejos de ser malo puede sentarle francamente bien.

El descanso es una necesidad básica para permitir que el aprendizaje se asiente y evolucione. Y desde el juego libre ya se dan actividades espontáneas que permiten la integración de lo aprendido.

Mi propuesta es que puedas crear con tu peque un “Diario de Verano”.

Y sí, también puedes llamarle álbum o manual o incluso, si me apuras, cuadernillo. El nombre es lo de menos. Puedes crearlo con tan sólo: unas cuantas cartulinas blancas, un trozo de cuerda, anillas y una máquina para hacer agujeros. Obvio. El cuadernillo o como quieras llamarlo lo montas tú.  A no ser que la edad y el talento de tu hijo/a permita otra cosa… y ¡ah! El contenido. Esta es la cosa. El contenido te propongo que lo articule siempre una misma consigna.

Si tu peque está entre los 2 y los 8 años la consigna que te propongo es que recoja un “tesoro del día” para llevarlo a la cartulina. Algo tan sencillo como recoger una concha, llevarla al papel e improvisar creando con distintos materiales (colores, papeles, etc) puedenconvertir el tesoro en un collage maravilloso. El tesoro es, además, un material concreto y tangible que para la edad de tu peque permitirá visibilizar el paso de los días durante las vacaciones.

Cuando el Diario tenga unas cuantas hojas, sentarse y “leerlo” o explicarlo puede  ser una fantástica y sencilla propuesta para construir la narrativa del verano. Para los que aún crean que esto no tiene parangón con el cuadernillo típico una perla:

la narrativa es fundamental para la construcción de la memoria y aquella narrativa que parte de la vivencia se atesora (permitidme este guiño) durante más tiempo que aquella que se construye desde el deber aséptico.

Recuerda que el deber nos aleja del placer y del descanso.

Afloja tu mente, libera tus sentidos y disponte, como ya lo sabe hacer tu hijo/a, de estas vacaciones.

¡A disfrutar!

 

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