Adaptarse o no adaptarse… 4 pasos para ayudar a tu hijo en la adaptación a la Escuela

no adaptarse a la escuela

Primer paso: la Adaptación sí existe

Bueno, esto puede parecer algo obvio, pero este es un concepto que ha sufrido (bastante) los avatares de la dialéctica pedagógica. Traduzco: hay un largo e interminable debate sobre si la adaptación (en el terreno escolar/infantil) no existe… y tal debate ha dado sucedáneos más cómodos para quienes los usan: período de familiarización, tiempo de conocerse, espacio de vinculación, etc. Creemos que esto ha sucedido porque era necesario airear la palabra. Sacarle toda la connotación negativa, que durante años se había ganado (a pulso por el cómo se venían haciendo tales adaptaciones), sólo era posible hablando de lo mismo desde otra palabra.

Desde Aupa sentimos que podemos ir hacia esta palabra (y bienvenidas sean con ella todas las citadas) con tranquilidad y rigor.

Segundo paso: aceptar y entender que la adaptación, desde el ámbito infantil y escolar, no ha de significar NUNCA sobrevivir

adaptarse o no a la escuela

Etimológicamente Adaptar significa “ajustar una cosa a otra”. Son la Escuela y la Familia, en un trabajo conjunto, las que han de garantizar y facilitar un ambiente y unos recursos que garanticen la adaptación de las niñas y los niños. Y no al revés. Si son las niñas y los niños los que hacen ese trabajo estaremos frente a ese mecanismo de supervivencia básico. Un fracaso claro para la Escuela. Y unas repercusiones psico-físicas (vamos a decirlo también claro) para las niñas y niños.

En este sentido, desde Aupa (Escuela Libre ubicada en el barrio de Horta-Guinardó de Barcelona) entendemos que la adaptación es un proceso que ha de garantizar (antes-durante-después) la capacidad del sujeto de ser sí mismo. Estar en un amor incondicional hacia la niña/o es nuestra manera de hacer esto real. Cuando la niña/o se siente aceptada/o, acogida/o, reconocida/o, querido/a en cualesquiera de sus acciones y palabras (como sujeto senti-pensante) se abre, confía y se inicia una relación con la adulta/o que entendemos es sana. Es desde esa tierra que brota el aprendizaje significativo. ¿Cómo podría brotar sino desde nutrientes tóxicos?

La adaptación es un proceso que ha de garantizar (antes-durante-después) la capacidad del sujeto de ser sí mismo.

E aquí lo esencial: el fracaso adaptativo sería que ese infante se relacionara desde el temor o la angustia… Comportándose sólo de uno u otro modo por el terror a no ser querido…. Sobreviviendo pues, decíamos antes, pero perdiendo (en ese camino) la base sobre la cual crecer (el respeto, la confianza, el amor) y perdiéndose entonces así mismo.

Para que se despliegue el bienestar, la tranquilidad, la confianza…. Para que se puedan tejer esas relaciones sanas sobre las que se cimentará el aprendizaje, otro recurso básico (¡indispensable!) es ofrecer un tiempo y espacio para que eso pueda darse. Y que ese tiempo y espacio la niña/o esté acompañado (¡indispensable también!) por su adulta/o de referencia; madre/padre a ser posible.

¿Cómo sentirse segura/o sino es acompañada primero por uno de sus seres más queridos?

Tercer paso: creer que otra adaptación es posible es responsabilidad de todas y todos

adaptación a la escuela aupa

Aquí pequeño paréntesis de consciencia colectiva. Se usan muchas resistencias (pretextos) para no asumir una adaptación que garantice el bienestar del infante de la que hablábamos.

Son pretextos reales, dificultades que SÍ existen…. Que se dan desde todas las adultas/os implicadas/os. La falta de tiempo, el creer que las madres y padres no querrán estar presentes en el aula, el miedo a sostener y cómo conciliar ese tiempo de presencia… Todo esto implica un camino de renuncias en pro de dar tiempo y espacio a la calidad humana. En pro de algo que, aun sabiendo todas y todos que es necesario y sano, se hace a veces tan complejo de asumir.

Desde Aupa (escuela de Educación Libre ubicada en el barrio de Horta-Guinardó de Barcelona) proponemos una adaptación respetuosa, sana y consciente con las niñas y niños. Con sus necesidades y ritmos. Cuando las madres y padres no perciben el mensaje de ser “echados” del aula/espacio, algo (importantísimo) se afloja. Principalmente se afloja la angustia por la separación y raramente aparece estrés o sensación de presión por tener que hacer algo de manera abrupta. Y contrariamente a lo que en ocasiones se cree, al aflojar la angustia es posible realizar una adaptación no sólo ágil, sino ligera y amorosa.

Cuando las madres y padres no perciben el mensaje de ser “echados” del aula/espacio, algo (importantísimo) se afloja.

Segundo pequeño paréntesis de consciencia colectiva: en algunos ambientes (desafortunadamente) se sigue operando desde la consciencia de que no pasa nada. No pasa nada por dejar a la niña/o angustiado cada día.  Y que los niños son resilientes por naturaleza. Una y otra cosa no tiene ningún fundamento. Ni psicológico ni pedagógico.

Pequeño y ágil ejemplo: Imagina que tú como adulta no sabes nadar. En tu primer día de clase, lógico, estás nerviosa. Un medio que no conoces y alguien que te “enseñará” que tampoco conoces. Vas a la clase con tu madre. Se ha empeñado, aunque eres adulta, a estar contigo en esa clase porque siente que hace algo importante para ti. Y bueno, tú consientes, en pro de un amor fiel. Y conscientes porque, aunque “ya eres mayorcita” sienta bien tener a mamá cerca.

Llegas a la piscina. Allí todo es nuevo. El olor a cloro, la anchura, la profundidad del espacio parece envolverte y aunque tienes ganas parece (en algún momento) que tus miedos te rondan con más ahínco. Piensas que quizás puedes empezar a tocar el agua con los dedos de los pies, quizás con la mano y quizás mañana (qué se yo) probar la temperatura bajando las escaleritas… y mientras piensas todo eso te das cuenta que tu madre se ha ido. “¡No pasa nada!, no pasa nada” Te dice una voz adulta que aún no conoces… y tú tragas saliva y aguantas. Poco después una mano “amiga” te empuja al agua. Caes. Caes como caería cualquier sujeto que es empujado de manera súbita. Te asustas. Tragas agua. Con esfuerzo y otra mano “amiga” consigues salir. Sobrevives y te preguntas qué está pasando. Alguien te dice (y se lo dirá después a tu madre) que eres una valiente. Una valiente por no tener miedo. Por no llorar. Por aguantar lo que ni siquiera sabes que has aguantado.

Bien, esto no es adaptarse, es sobrevivir. Claro, ¿cierto?.  Y además ninguna de las palabras (“valiente”, “no pasa nada”) de la voz que pretende ser amiga te ha reconfortado…

Sin ahondar en el ejemplo y a modo final para este “empujoncito” a la consciencia colectiva: Así No, Gracias.

Desde Aupa (Escuela de Educación Libre, ubicada en el barrio de Horta-Guinardó de Barcelona) creemos de veras que todas y todos los que formamos parte de los cuidados infantiles (maestras, acompañantes, pedagogos, madres, padres…); todas y todos podemos contribuir, gestar y desarrollar una adaptación tranquila, segurizante para las niñas y niños, beneficiosa para su crecimiento sano.

Parafraseando e inventando algo que dicen por ahí: de qué sirve poner a América en un mapa si no sé ubicar mi tristeza. Y nosotras añadimos: ubicarla es darle espacio.

Dar espacio y tiempo a las emociones, a la consciencia de ellas y a su canalización constructiva, es la base sobre la que se edificará un aprendizaje significativo.

Cuarto paso: tips para la adaptación

  • Para madres y padres: C.M

Con estas siglas resumimos las dos palabra clave:

jugando en la escuela confianza adapatciónCONFIANZA: has escogido una escuela (sea la que sea) porque crees que es el lugar adecuado para tu hija/o. Quizás conoces mucho de ese lugar, quizás muy poco, quizás te han llevado unos motivos u otros… pero sea como sea tu (adulta/o) has tomado una elección. Y tu, con tu actitud (corporal/verbal) puedes hacer mucho para facilitar este proceso.

Una actitud de apertura, de no juicio y confianza hacia los profesionales al cuidado de tu hija/o es clave para permitir que pueda darse un proceso honesto y fácil.

Antes de iniciar (o durante) esta aventura quizás puedas hacer un poquito de introspección sobre qué es para tí confiar y qué ha de darse para que puedas confiar en otra persona. ¿Eres de los que cree que la confianza sólo se gana? ¿Sólo puedes confiar si el otro/a hace exactamente lo que tú deseas? ¿Relacionas la confianza con la entrega? ¿Con el soltar y esperar? ¿Con qué? ¿Qué color, imagen, sonido te viene?.

Pensar un poco sobre esto, escuchar internamente las respuestas que se mueven sin juicio sobre una/o misma/o puede darnos pistas de cuánta carga interna podemos proyectar en los profesionales al cuidado de nuestras hijas e hijos. ¿Qué les pides a ellas y ellos? ¿Qué cosas (de esas que pides) pueden ser una tarea tuya y cuáles crees que son responsabilidad de ellas y ellos?

Las actitudes que son amigas de la confianza son la prudencia y el cuidado en la comunicación y expresión. La prudencia, el no precipitarse a analizar y expresar lo que una/o cree, nos dá la oportunidad (como madres y padres) de digerir nuestras emociones. De adueñarnos de lo que nos pertenece; en lenguaje popular: nos dá la oportunidad de no expresarnos en caliente. El cuidado no es algo que vaya de la mano de la inmediatez o la agilidad. El cuidado nos invita a conectarnos con un ritmo más pausado, más orgánico y por tanto más propicio para poder procesar algo (sea lo que sea) que se esté viviendo.

Las actitudes que son amigas de la confianza son la prudencia y el cuidado en la comunicación y expresión.

Las madres y padres podemos colaborar en este proceso poniendo atención a estas actitudes y detectando (y poniendo distancia) de aquellas (actitudes/personas) que pueden minar esta confianza.

MENSAJE: con esta palabra remitimos a otras que pueden favorecer el proceso.

lenguaje adaptación a la escuelaMensaje claro y corto hacia nuestras hijas e hijos: las niñas y niños (especialmente en la etapa de infantil) no viven en el reino de la palabra. Sin embargo, captan de manera maravillosa la emoción y la intensidad con la que se transmiten. Esto no es casual (pequeño apunte de cómo se aprende a hablar): las niñas y niños han de poder captar el ritmo, la cadencia, el tono (fuerza) y el inicio/final de una frase para poder hablar. Si un niño/a no puede tener este mapa no aprenderá a hablar.

Es por esto que ellas y ellos (especialmente en la etapa infantil) están muy preparadas/os para captar el “verdadero mensaje” de aquello que decimos.

Así que mensaje claro, corto, honesto y a poder ser CONSCIENTE. Puedes ayudar a tu hija/o si, por ejemplo desde casa, le dices algo como “Veo que estás triste. Puedo estar contigo en la escuela y también estará X (maestr@) para jugar contigo y también para ayudarte”.

Un mensaje que reconozca su emoción y que pueda (al menos en algún momento) incluir al maestr@ desde una mirada de placer (juego) y de adulto segurizante (ayuda) puede facilitar el proceso…. No lo facilitará el decirle cosas como: “no llores que se me parte el corazón”, “portate bien que sino te quedarás  con la profesora” o sucedáneos que le hablen de lo “valiente” que puede ser aguantando sus emociones… ¿recuerdas el ejemplo de la piscina?.

En un post anterior hablabamos extensamente de nuestra escuela y de la importancia de dar cabida a las emociones: 

¿Quieres descubrir más Tips? ¿Eres maestr@ y te interesa este tipo de recursos? No dejes de seguirnos…. próximamente más….

 

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